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La Calima y Celia

Un excepcional episodio de polvo procedente del desierto del Sahara se ha producido en las últimas horas en buena parte de la península ibérica y Baleares, un fenómeno que no se producía con esta intensidad desde hacía varias décadas. La nube de polvo sahariano, impulsada por los vientos de la borrasca Celia, ha avanzado de sur a norte, hacia Europa occidental, tiñendo de naranja los cielos y cubriendo todo a su paso con una fina capa del mismo color.

La calima es un fenómeno meteorológico que se produce en la atmósfera y está caracterizado por la presencia de partículas en suspensión​ de polvo y arena, e incluso en algunas ocasiones de cenizas y arcilla. El resultado es un ambiente turbio y muy denso. Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) asegura que la composición de la calima va variando según el momento y puede contener partículas nocivas que el viento arrastra a su paso por las zonas donde están las centrales térmicas y las refinerías de Marruecos, Argelia y Túnez. Así, cuando el viento cargado de polvo encuentra en su camino las partículas emitidas por la actividad industrial de centrales térmicas, donde se quema carbón, o refinerías petroleras, la calima contiene trazas de bromo, cromo, níquel, zinc y circonio, siendo el cromo y el níquel perjudiciales para la salud. Según el estudio, cuando el polvo ha recorrido centenares de kilómetros para llegar a Canarias, pasando por el noreste de Argelia, su composición es rica en calcio, estroncio, azufre, potasio y magnesio; mientras que si gira unos metros hasta situarse en el noroeste de Argelia, la calima será más rica en sodio y cloro. Si, por el contrario, el polvo proviene del sureste del Sáhara y Mali, es más rico en silicio, hierro y manganeso.

Fuente: RTVE

 

Hoy respiramos el peor aire del mundo

Rubén del Campo, portavoz de la Aemet, explica que no hay datos ni estudios “suficientes y a largo plazo” para determinar si puede ser el episodio de calima más intenso ocurrido hasta ahora en España, pero sí lo considera “extraordinario por tres razones”. En primer lugar, por la altísima concentración de polvo en suspensión que presenta el aire. “En Murcia, la delegación de la Aemet estudió entre 2003 y 2017 el espesor óptico de aerosoles ―una medida de la cantidad de polvo que hay en la atmósfera basada en cómo interfieren esas partículas en la llegada de la radiación solar a la superficie― en las lluvias de barro y el máximo alcanzado fue de 1,9 unidades. Los modelos de predicción para esta tarde prevén un espesor que podría superar las tres unidades en esta región”, explica el meteorólogo.

En segundo lugar, por su gran extensión. “Está provocando reducciones de la visibilidad muy importantes en amplias zonas de la Península. En ciudades tan distantes como Granada, Madrid y León la visibilidad ha quedado reducida esta mañana a menos de cuatro kilómetros”, detalla Del Campo.

Y, en tercer lugar, por su persistencia, ya que “está previsto que continúe llegando polvo en gran cantidad durante el martes y el miércoles, casi tres días. 

Pero “entradas de polvo de intensidad, extensión y duración como la actual no son nada habituales en España”, reitera el meteorólogo, aunque el fenómeno, a mucho menor escala, “es relativamente frecuente en la Península, sobre todo en verano, y en Canarias”. En este sentido, el investigador Julio Díaz, que codirige la Unidad de Referencia sobre Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, no ve nada “anormal” en lo ocurrido, ni siquiera en la zona centro, aunque sí concede que este fenómeno no suele presentarse con tanta potencia. “No parece que esté aumentando la frecuencia, pero sí la intensidad”, anota Díaz, que apunta a que, “con el aumento de la desertificación, en breve ya no será un polvo de fuera sino de aquí”. Ambos expertos citan un estudio publicado en 2014 con datos de 2004 a 2009 que constató que en España hay polvo en suspensión en el aire el 30% de los días en el sureste, el 25% en el suroeste, el 22% en Canarias, el 18% en la zona centro y un 10% en el noroeste.
Fuente: El País

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